El imperio de las sombras: fortuna, combustibles y poder global en la caída de Cerimedo
I. El dinero que no cabe en una mochila
Cuando Fernando Cerimedo fue detenido en el aeropuerto Viru Viru de Santa Cruz la noche del 17 de agosto, los agentes de la Policía Boliviana encontraron en su equipaje 40.000 dólares en efectivo. Pero esa cifra, ya de por sí llamativa para quien declaraba ser un "colaborador" sin cargo formal, era apenas la punta de un iceberg financiero que los allanamientos posteriores comenzaron a develar.
En los operativos realizados en sus propiedades de La Paz, la Fiscalía incautó más de medio millón de bolivianos en efectivo, dólares y euros. Pero el dato más revelador surgió cuando los investigadores accedieron a sus cuentas y billeteras móviles: los montos ascendían a varios millones de dólares, una fortuna que Cerimedo, según confesó ante la justicia, obtenía de sus trabajos de asesoría política. "Ganaba cerca de un millón de dólares al mes", declaró.
Sin embargo, el origen de ese dinero es precisamente lo que la Fiscalía boliviana intenta desentrañar. Cerimedo no tenía contrato con el Estado boliviano. Según el propio vicepresidente Edman Lara, el asesor argentino "decidía en el gobierno" e influía directamente en "la gente que estaban metiendo" a la administración pública. Pero no cobraba un centavo del erario. ¿Quién pagaba entonces?
La investigación apunta a un esquema de "sobresueldos" canalizados mediante contratos corporativos transnacionales con grandes firmas privadas en los países donde operaba políticamente. En otras palabras: Cerimedo no cobraba por asesorar a presidentes; cobraba por facilitar el acceso de empresas privadas a los gobiernos que ayudaba a instalar.
II. El asesor que resolvía conflictos con una llamada
La versión oficial del gobierno de Rodrigo Paz sostenía que Cerimedo era un mero "asesor comunicacional" durante la campaña y los primeros meses de gestión. Pero la evidencia recogida por la Fiscalía y los testimonios de funcionarios bolivianos desmienten esa narrativa.
La diputada Lissa Claros relató un episodio que expone el verdadero poder de Cerimedo. Durante un conflicto por combustible en el norte de Potosí, tras gestiones infructuosas con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Claros recibió una llamada del argentino. "Me llama y me dice: 'Yo soy el asesor del Presidente, yo tomo las decisiones. No se preocupe, esto se va a solucionar, le van a llamar enseguida'", contó la legisladora. Entre cinco y diez minutos después, YPFB llamó. Al día siguiente, el conflicto estaba resuelto.
Cerimedo se identificaba en tarjetas de presentación halladas durante los allanamientos como "asesor principal" de Paz. Participó en eventos de alto nivel, como una reunión con el Departamento de Estado a la que solo asistieron el presidente y el canciller, y el saludo protocolar al rey de España. Su ex pareja, Nadia Beller, declaró que Cerimedo tenía una oficina, un vehículo oficial, una escolta policial que le servía de chófer y tarjetas de identificación que lo acreditaban como asesor presidencial.
"No recibía un salario formal del Estado boliviano", afirmó Beller. "En cambio, obtenía ingresos a través de contratos concertados con empresas privadas. Las empresas le pagaban a él y a sus socios un salario complementario por estar presentes en países como Bolivia, donde orquestan campañas políticas".
III. La trama de los combustibles: el negocio detrás del poder
El escándalo Cerimedo estalló en el contexto de una severa crisis de abastecimiento de combustible en Bolivia, con escasez de diésel y gasolina que mantuvo a los movimientos sociales y sindicales en las calles. La denuncia de Beller no podía ser más explosiva: Cerimedo y el entorno de la esposa del presidente cobraban un boliviano por litro para la asignación de cupos de gasolina y diésel.
Según la investigación periodística, Cerimedo había ingresado al negocio de compraventa de hidrocarburos mediante la adquisición de una participación en Sanabria S.R.L., una empresa vinculada al sector. Pero el entramado empresarial era mucho más amplio.
El 30 de julio de 2025, la esposa de Cerimedo, la ingeniera Natalia Basil, y su socio Vicente Fernando Quintanal constituyeron Australis Energy Group S.R.L., una empresa dedicada expresamente a la explotación de litio, petróleo y gas. Aunque Cerimedo evitaba figurar formalmente como socio en esta operadora, aparece registrado como accionista directo en la Compañía Sudamericana de Inversiones S.A. junto al mismo Quintanal y a Roque Cambareri, un influyente magnate argentino del sector petrolero y minero.
El diseño era claro: la consultoría política digital de Numen servía como un ariete de desembarco para capturar negocios altamente lucrativos una vez conquistado el poder formal. Cerimedo no era un asesor político; era un facilitador de negocios que cobraba a empresas privadas por el acceso a los gobiernos que ayudaba a instalar.
El caso adquirió dimensiones aún más graves cuando la Fiscalía abrió una investigación por encubrimiento al narcotráfico, vinculado a la supuesta autorización de vuelos irregulares para el traslado de sustancias controladas. Según las denuncias de Beller, Cerimedo y su entorno habrían utilizado como excusa la instalación de dispositivos GPS en avionetas para permitir que aeronaves cargadas con drogas volaran sobre el país.
IV. La red continental: de Bolsonaro a Bukele
El derrumbe de Cerimedo en Bolivia expuso la magnitud de una red de operadores políticos que actúa como una franquicia de la derecha radical en toda América Latina. Cerimedo no trabajaba para un solo gobierno; trabajaba para un proyecto político transnacional.
Su trayectoria comenzó en Brasil en 2018, asesorando la campaña de Jair Bolsonaro a través de Eduardo Bolsonaro. Tras la derrota de Bolsonaro en 2022, Cerimedo impulsó teorías sin sustento que cuestionaban la limpieza del triunfo de Lula. La Policía Federal de Brasil lo investigó como integrante de una organización creada para atacar al sistema electoral, y el Supremo Tribunal Federal lo investiga por presuntamente haber sido parte del intento de golpe de Estado de 2022-2023. Fue el único extranjero imputado en esa causa.
En Chile, Cerimedo participó en la campaña del Rechazo en el plebiscito constitucional de 2022. Su ex pareja Beller declaró que Cerimedo "presumía haber hecho presidente de Chile a Kast", refiriéndose al candidato de ultraderecha José Antonio Kast.
En Honduras, Cerimedo asesoró la campaña presidencial de Nasry Asfura en las elecciones de 2025. Su rol fue tan determinante que logró que el presidente estadounidense Donald Trump emitiera un mensaje público pidiendo el voto por Asfura y calificando a su contrincante como "casi comunista". Cerimedo confirmó que fue Dick Morris, uno de los asesores de Trump en la campaña de 2016, quien le permitió conectar con el presidente estadounidense. Según el Registro de Agentes Extranjeros de Estados Unidos, Cerimedo y su empresa Numen Group operaban como lobistas registrados.
Pero la revelación más reciente vincula a Cerimedo con Nayib Bukele, presidente de El Salvador. Según investigaciones periodísticas, Cerimedo y su socio Damián Matías Merlo Debernardi asesoraron a Bukele, Bolsonaro, Milei y Paz. La prensa internacional ha señalado que "Fernando Cerimedo ha sido para Javier Milei lo que Damián Matías Merlo Debernardi es para Nayib Bukele". Merlo es presentado como uno de los operadores de la proyección internacional de Bukele y de la aproximación del presidente salvadoreño con el MAGA y la Casa Blanca.
En Argentina, Cerimedo trabajó para Mauricio Macri en 2019 y fue pieza clave en la campaña de Javier Milei en 2023, donde estuvo al frente de un "ejército" de trolls y ofició de intermediario para la entrevista con Tucker Carlson. Aunque Milei se ha desmarcado del consultor, el vínculo fue real y profundo.
V. El fantasma de la CIA: ¿agente o construcción política?
El capítulo más controvertido del caso Cerimedo es su presunta vinculación con la inteligencia estadounidense. El expresidente Evo Morales fue el más explícito: "Sus andanzas son de un agente del imperio", afirmó, y agregó que, según declaró Beller, Cerimedo "era agente de la CIA" del Gobierno de Estados Unidos.
La propia Beller declaró: "Supuestamente, él me dijo que también era agente de la CIA, pero no me consta, pero él me lo dijo". El diario La Jornada de México publicó que Cerimedo "decía 'ser' de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos".
Pero Beller fue más allá al afirmar que Cerimedo estuvo en Estados Unidos en la casa de su socio, Brad Parscale, el exdirector de campaña de Donald Trump. Y sostuvo que tanto Cerimedo como Parscale son agentes de la CIA.
¿Hay evidencia documental? Hasta ahora, no. Pero los vínculos de Cerimedo con el aparato político de Estados Unidos son innegables. Su empresa Numen Group está registrada en el Registro de Agentes Extranjeros (FARA) de Estados Unidos. Se entrenó con los Navy Seals, estudió (o dice haber estudiado) en la Universidad de Phoenix, y tiene oficinas en Miami.
Lo que sí está documentado es que Cerimedo se movía con total libertad entre Washington y las capitales latinoamericanas, y que supo capitalizar esa movilidad para construir una red de influencias sin precedentes. En Brasil, sin embargo, Cerimedo fue investigado por intento de golpe contra Lula, un gobierno que Washington no ve con malos ojos. Esa contradicción no invalida la hipótesis de un vínculo con la CIA, pero la complejiza.
VI. La caída: sangre, dinero y justicia
El derrumbe de Cerimedo no llegó por sus operaciones políticas, sino por su vida personal. Nadia Beller, la abogada boliviana de 33 años que recibió tres disparos en la puerta de un hotel, estaba embarazada de cuatro semanas de Cerimedo y lo acusó de haber intentado ahorcarla en dos ocasiones. "Si no fingía mi muerte, me iban a rematar", declaró desde el hospital.
La Fiscalía boliviana ha formalizado la imputación por tentativa de feminicidio y ha pedido prisión preventiva por 180 días. En los allanamientos, además del dinero en efectivo, se encontraron conversaciones en el celular de Cerimedo donde se lee: "O la eliminamos ya o estamos jodidos". La fiscalía considera que hay elementos suficientes para considerar a Cerimedo como "autor intelectual y mediato" del ataque.
Cerimedo enfrenta hoy cuatro procesos abiertos en Bolivia: tentativa de feminicidio, violencia intrafamiliar, enriquecimiento ilícito y una investigación por narcotráfico. En Argentina, la Justicia inhibió sus bienes por una deuda de 90 mil dólares. En Brasil, el Supremo Tribunal Federal continúa investigándolo por el intento de golpe de Estado de 2022.
Conclusiones: Tres lecturas posibles del fenómeno Cerimedo
Conclusión Opción 1: El síntoma de un sistema político capturado por el capitalismo de influencias
Cerimedo no es un caso excepcional. Es la manifestación más visible de un fenómeno estructural: la captura de los Estados latinoamericanos por consultores privados que operan como bisagras entre el poder político y los intereses corporativos. Su modelo de negocio —asesorar campañas de derecha a cambio de contratos empresariales una vez en el gobierno— revela un circuito de financiamiento que elude todos los controles. La falta de regulación sobre consultores extranjeros, la opacidad en el financiamiento de campañas y la debilidad de los sistemas anticorrupción permiten que operadores como Cerimedo prosperen. Su caída no es el fin de ese mercado, sino apenas la exposición de uno de sus actores. Mientras no haya regulación, transparencia y controles efectivos, nuevos Cerimedo surgirán para ocupar el vacío.
Conclusión Opción 2: La pieza de un tablero geopolítico de la derecha transnacional
La red de Cerimedo —Bolsonaro, Milei, Kast, Asfura, Paz, Bukele— no es casual. Responde a un proyecto político transnacional de la derecha radical que busca coordinar estrategias, compartir recursos y construir un relato común en toda la región. Su presencia en Miami, su relación con Parscale, Morris y el entorno de Trump, y su registro como agente extranjero en Estados Unidos apuntan a que este proyecto no es puramente autóctono. Washington tiene intereses estratégicos en América Latina —recursos energéticos, litio, hidrocarburos— y la derecha radical ha sido históricamente un vehículo para esos intereses. Cerimedo pudo haber sido un agente consciente de esa geopolítica, o simplemente un oportunista que supo vender su acceso a los poderes fácticos. En cualquier caso, su caída deja al descubierto una trama que trasciende las fronteras nacionales y que involucra a actores económicos, políticos y de inteligencia de ambos lados del Atlántico.
Conclusión Opción 3: La biografía de un estafador que convirtió el poder político en negocio privado
La historia de Cerimedo puede leerse, ante todo, como la de un delincuente con una habilidad extraordinaria para transformar el acceso político en ganancias privadas. Su condena por estafa en 2016 demostró que sabía engañar. Esa misma lógica aplicó a la política: construyó un perfil público con datos falsos, se vendió como asesor de presidentes, y utilizó ese acceso para negociar contratos millonarios en el sector energético. Su caída no fue por sus delitos económicos ni por sus operaciones de desinformación, sino por violencia de género, el único delito que el sistema no estaba dispuesto a tolerar. Hasta que la bala alcanzó a Beller, Cerimedo era intocable. Su detención no es el triunfo de la justicia, sino el punto en que la violencia privada se volvió demasiado visible para ser ignorada. El dinero, los contratos, las conexiones internacionales: todo eso el sistema lo había tolerado. Fue la sangre de una mujer lo que finalmente lo derribó.
[Nota del editor: Este artículo se basa exclusivamente en información pública disponible en medios de comunicación y fuentes documentales. Las acusaciones contra Fernando Cerimedo, incluidas las de vínculos con la CIA, participación en narcotráfico y autoría intelectual del ataque, no han sido probadas judicialmente. El principio de presunción de inocencia aplica hasta que una sentencia firme determine lo contrario.]
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